Sobre las bien trazadas calles de Mérida se levantan elegantes casas de colores claros que de vez en cuando ceden espacio a plazas arboladas y tranquilas situadas frente a iglesias y palacios. Es en esa luminosa red urbana fundada en 1542 por el español Francisco de Montejo sobre el antiguo poblado maya de Ichcaanzihó, donde se concentra lo mejor de Yucatán: arquitectura fuera de serie con varios de los mejores ejemplos renacentistas del continente americano, el canto y la poesía de entrañables trovadores, gastronomía notabilísima y, sobre todo la gente amable, cálida y creativa que ha sabido producir todo esto.